Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en recuerdo de su fundación en 1945. Es una jornada para reflexionar sobre cómo comemos y sobre el enorme impacto que la alimentación tiene en nuestra salud.
En Urología Integral queremos aprovechar esta fecha para hablar de una relación que muchos hombres desconocen: la que existe entre lo que ponemos en el plato y la salud de la próstata.
Conviene empezar con honestidad. Ningún alimento cura ni previene por sí solo el cáncer de próstata ni la hiperplasia. Pero la investigación sí muestra que ciertos patrones de alimentación se asocian a un menor riesgo de enfermedad prostática agresiva y a menos síntomas urinarios. Y la buena noticia para quienes vivimos en Sevilla es que buena parte de esos aliados forman parte de nuestra cocina de toda la vida.
La próstata es una glándula muy sensible a las hormonas, a la inflamación y al metabolismo. La alimentación influye en las tres cosas:
Por eso, más que buscar un "superalimento", lo que de verdad funciona es un patrón de alimentación completo, mantenido en el tiempo y acompañado de actividad física.
Si hubiera que elegir un único modelo de alimentación para cuidar la próstata, sería la dieta mediterránea: abundantes verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado, aceite de oliva virgen extra como grasa principal y un consumo moderado de carne roja.
Este patrón se asocia de forma consistente con menor riesgo cardiovascular, menor inflamación y mejor control del peso. Y lo que es bueno para el corazón suele serlo también para la próstata.
La paradoja es que, en Andalucía, la cuna de esta dieta, cada vez comemos menos mediterráneo. Volver a ella es probablemente el mejor regalo que puedes hacerle a tu próstata.
El tomate es rico en licopeno, un pigmento con potente acción antioxidante que se concentra en el tejido prostático. Varios estudios observacionales han relacionado un mayor consumo de tomate y licopeno con un menor riesgo de cáncer de próstata, aunque la evidencia no es definitiva.
Un detalle clave: el licopeno se absorbe mucho mejor cuando el tomate está cocinado y acompañado de grasa. Así que el sofrito, la salsa de tomate casera o un buen salmorejo con su chorreón de aceite son excelentes formas de tomarlo. El gazpacho también suma.
Es la grasa por excelencia de la dieta mediterránea. Es rico en grasas monoinsaturadas y en polifenoles con efecto antiinflamatorio, y debe sustituir a la mantequilla y a las grasas de origen animal. Además, ayuda a absorber el licopeno del tomate.
Brócoli, coliflor, repollo, coles de Bruselas, berza o rúcula contienen sulforafano y otros compuestos que se estudian por su posible efecto protector frente a distintos tumores, incluido el de próstata. Lo ideal es tomarlas varias veces por semana, al vapor o poco cocinadas para conservar sus propiedades.
Sardinas, boquerones, caballa, melva, atún o salmón aportan ácidos grasos omega-3, con efecto antiinflamatorio. Algunos estudios lo asocian a menor mortalidad por cáncer de próstata. Recomendamos tomar pescado azul dos o tres veces por semana, y aquí jugamos con ventaja: los pescaítos de nuestra tierra, mejor a la plancha o en adobo al horno que fritos a diario.
Garbanzos, lentejas, alubias o habas son ricas en fibra, proteína vegetal e isoflavonas. En países asiáticos con alto consumo de soja, la incidencia de cáncer de próstata es más baja. Influyen muchos factores, pero las legumbres son una de las mejores sustituciones de la carne roja. Un potaje o unas espinacas con garbanzos son un acierto.
Nueces, almendras y semillas aportan grasas saludables, vitamina E, selenio y zinc, un mineral muy presente en la próstata. Las pipas de calabaza se asocian tradicionalmente a la salud prostática. La medida adecuada es un puñado diario (unos 25-30 gramos), natural o tostado y sin sal.
El té verde contiene catequinas antioxidantes, y frutas como la granada, las fresas, los frutos rojos o los cítricos aportan polifenoles y vitamina C. La evidencia sobre su efecto prostático es todavía preliminar, pero son opciones saludables que encajan en cualquier dieta equilibrada.
Igual que hay aliados, hay alimentos que conviene reducir:
En la consulta nos preguntan con frecuencia por cápsulas de licopeno, selenio, vitamina E o extractos de plantas como el saw palmetto (Serenoa repens). Nuestro consejo es prudencia:
Los nutrientes funcionan mejor dentro de los alimentos que aislados en una pastilla. Si tomas algún suplemento o estás pensando en hacerlo, coméntalo con tu urólogo.
La alimentación es una pieza, pero no la única. Para cuidar tu próstata:
Este último punto es importante: una buena alimentación no sustituye a la revisión urológica. El cáncer de próstata en sus fases iniciales no da síntomas, y comer bien no garantiza que no aparezca.
Comer bien para tu próstata no significa renunciar a la cocina de siempre. Significa recuperarla.
¿El tomate previene el cáncer de próstata? Los estudios sugieren una asociación con menor riesgo, pero ningún alimento lo previene por sí solo. Forma parte de un patrón saludable.
¿Debo dejar la leche? No. Un consumo moderado de lácteos es compatible con la salud prostática.
¿La cerveza es mala para la próstata? El alcohol empeora los síntomas urinarios. Tómala con moderación y lejos de la hora de dormir.
¿Una dieta puede reducir el tamaño de la próstata? No de forma significativa, pero mejorar el peso y los hábitos puede aliviar los síntomas.
En Urología Integral, los doctores Francisco Rivera y Juan Leal entendemos la salud prostática como un todo: hábitos, prevención, diagnóstico precoz y, cuando es necesario, los tratamientos más avanzados, como la cirugía robótica Da Vinci, el láser verde de 180 W o la cirugía laparoscópica.
Atendemos en el Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón (Calle Rafael Salgado, 3, Sevilla).
Este Día Mundial de la Alimentación, cuida lo que comes y no olvides tu revisión. Llámanos al 611 633 281 o solicita información en nuestra web.