La próstata es una glándula pequeña, del tamaño de una nuez, pero con una enorme capacidad para complicar la vida de un hombre. Está situada justo debajo de la vejiga y abraza la uretra, el conducto por el que sale la orina. Por eso, cuando algo falla en ella, lo primero que suele notarse es un cambio en la forma de orinar.
En la consulta de Urología Integral en Sevilla vemos cada semana a hombres que llevan meses, a veces años, conviviendo con síntomas que creían "normales por la edad". No lo son. Detrás de casi todos ellos se esconde alguno de los tres grandes enemigos de la próstata: la hiperplasia benigna, la prostatitis y el cáncer.
Conocerlos es el primer paso para vencerlos. En este artículo los doctores Francisco Rivera y Juan Leal te explican cómo se manifiesta cada uno, cómo se diagnostica y qué se puede hacer hoy para tratarlo.
La hiperplasia benigna de próstata es el crecimiento no canceroso de la glándula. Es un proceso ligado al envejecimiento y a las hormonas masculinas, y es tan frecuente que puede llegar a afectar a más del 80 % de los hombres mayores de 70 años. Empieza a dar la cara a partir de los 50.
Que sea benigna no significa que sea inofensiva. Al crecer, la próstata estrecha la uretra y obliga a la vejiga a hacer un esfuerzo cada vez mayor para vaciarse.
Los síntomas de la HBP se agrupan en dos tipos:
Si no se trata, la HBP puede complicarse con retención aguda de orina (imposibilidad total de orinar, que obliga a acudir a urgencias), infecciones urinarias de repetición, piedras en la vejiga e incluso daño renal.
El tratamiento es escalonado y se adapta a cada paciente:
La prostatitis es la inflamación de la próstata. A diferencia de la HBP, puede aparecer a cualquier edad y es especialmente frecuente en hombres jóvenes y de mediana edad. De hecho, es el problema urológico más habitual en varones menores de 50 años.
No es una única enfermedad, sino un conjunto de cuadros distintos:
Los síntomas más típicos son el dolor (en el periné, la zona genital, la parte baja de la espalda o al eyacular), las molestias al orinar y, en la forma aguda, la fiebre. El impacto emocional de la prostatitis crónica es importante: muchos pacientes viven con ansiedad un dolor que no termina de irse.
Depende del tipo. Las formas bacterianas se tratan con antibióticos con buena penetración en la próstata, a veces durante varias semanas. El síndrome de dolor pélvico crónico requiere un enfoque multimodal: fármacos para relajar la musculatura y controlar la inflamación, fisioterapia del suelo pélvico, cambios de hábitos y, en ocasiones, apoyo psicológico.
La clave es un diagnóstico preciso. Un error frecuente es encadenar antibióticos "por si acaso" cuando no hay infección, lo que no mejora los síntomas y favorece resistencias.
El cáncer de próstata es el tumor más diagnosticado en el hombre en España. Según el informe Las cifras del cáncer en España 2026 de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), este año se diagnosticarán 34.833 nuevos casos. La buena noticia es que su supervivencia neta a cinco años ronda el 90 %, una de las más altas de todos los tumores.
Esa cifra tiene una explicación: la mayoría de los cánceres de próstata se detectan hoy en fases precoces, cuando son curables.
El cáncer de próstata es un enemigo silencioso. En sus fases iniciales casi nunca da síntomas. Cuando aparecen (sangre en la orina o el semen, dolor óseo, dificultad para orinar), suele tratarse de una enfermedad más avanzada.
Por eso no se puede esperar a "notar algo". La única forma de detectarlo a tiempo es la revisión urológica periódica.
El diagnóstico moderno combina varias herramientas:
Hoy existe un abanico amplio de opciones, y elegir bien es tan importante como ejecutar bien:
En la cirugía robótica Da Vinci, el cirujano controla desde una consola unos brazos robóticos con visión 3D ampliada e instrumentos articulados que giran como una muñeca. Esta precisión facilita trabajar en el reducido espacio de la pelvis y preservar estructuras clave como los nervios de la erección y el esfínter urinario. Para el paciente se traduce en incisiones pequeñas, menos sangrado y una recuperación más rápida. Aun así, el robot no opera solo: el resultado depende sobre todo de la experiencia del equipo que lo maneja.
Un detalle importante: los tres enemigos pueden coexistir. Un hombre con HBP puede tener a la vez un cáncer, y la prostatitis puede elevar el PSA y confundir el diagnóstico. Por eso los síntomas por sí solos no bastan, y es necesaria la valoración de un urólogo.
Acude al urólogo si notas cualquiera de estos signos:
Y acude a urgencias si no puedes orinar en absoluto o si tienes fiebre alta con dolor al orinar.
Aunque no tengas ningún síntoma, te recomendamos una revisión urológica a partir de los 50 años, o a partir de los 45 si tienes antecedentes familiares de cáncer de próstata.
En Urología Integral, los doctores Francisco Rivera y Juan Leal abordamos la próstata de forma integral, como indica nuestro nombre. Eso significa:
Nos encontrarás en el Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón (Calle Rafael Salgado, 3, Sevilla).
¿La HBP se convierte en cáncer? No. Son enfermedades distintas, aunque pueden darse a la vez en el mismo paciente.
¿Un PSA alto significa que tengo cáncer? No necesariamente. El PSA puede subir por HBP, prostatitis o incluso tras montar en bicicleta. Debe interpretarlo un urólogo.
¿La prostatitis afecta a la fertilidad? En algunos casos de infección crónica puede afectar a la calidad del semen. Se valora de forma individual.
¿Se puede prevenir? No del todo, pero una dieta saludable, ejercicio regular y revisiones periódicas reducen riesgos y permiten actuar a tiempo.
Los tres enemigos de la próstata tienen algo en común: cuanto antes se detectan, más fácil es vencerlos. No esperes a que los síntomas te obliguen a ir a urgencias.
Llámanos al 611 633 281 o solicita información en nuestra web. En Urología Integral te ayudamos a cuidar tu próstata en Sevilla.